Desde hace casi un año, la construcción de un túnel ferroviario de 3 kilómetros bajo el centro de Nogales, Sonora, ha provocado temor, incertidumbre y daños materiales entre sus habitantes. Apodado «el tren fantasma» por la falta de transparencia con la que se ejecuta el proyecto, las detonaciones diarias, que ocurren incluso de madrugada, alteran la vida cotidiana de los vecinos y afectan la estabilidad estructural de más de 400 viviendas y negocios. Los residentes, cansados de la falta de información, han denunciado que no se les consultó previamente ni se han implementado medidas para mitigar el impacto de las explosiones.

El proyecto, a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), forma parte de una nueva vía ferroviaria de 63 kilómetros destinada a conectar la frontera con Estados Unidos y el puerto de Guaymas. Sin embargo, el desarrollo avanza con denuncias de irregularidades, como la ausencia de estudios ambientales y permisos necesarios. Activistas y residentes señalan que la obra invade reservas ecológicas y terrenos privados en municipios como Ímuris, Santa Cruz y Nogales, sin ningún tipo de consulta pública.

El impacto en las comunidades es severo. En colonias como Buenos Aires, Embarcadero y Benito Juárez, las viviendas presentan grietas y daños estructurales debido a las explosiones. Los afectados narran cómo sus hijos y nietos viven en constante miedo y cómo la falta de respuestas oficiales los ha dejado en incertidumbre. Ante una protesta el pasado octubre, autoridades militares prometieron reparaciones en las casas dañadas, pero los residentes desconfían, pues no existe ningún compromiso formal por escrito.

La problemática del «tren fantasma» escaló a nivel internacional el 1 de noviembre, cuando la Comisión de Cooperación Ambiental del T-MEC admitió a trámite una petición de activistas para revisar las omisiones legales y ambientales del proyecto. Mientras tanto, la vida en Nogales sigue marcada por estruendos, temblores y la angustia de sus habitantes.